Dile adiós al CabaretAsí como le va diciendo adiós a la ciudad aquel último y languidecido refugio de fanáticos de Bollywood, el cine Tacna (ver cartel de SE VENDE en su fachada), mucho antes las noches de Cabaret se despidieron de Lima, la vieja de mierda.
Extraño los tiempos que no he vivido. Por eso aquella tarde harta emoción hubo en este redactor que sólo una vez en la década del ochenta metió su moneda de a sol en una ranura para que las rojas cortinas de la cabina se abrieran y viera a miss jamona en todo su apogeo calateril. Strip tease de a luca para voyeurs escondidos detrás de una vitrina. Camuflaje ilusorio porque todos nos veíamos a todos.
Extraño esos tiempos anteriores a los anteriores, es decir, llegar imaginariamente a los años 40, 50, cuando en Lima se vivía el apogeo del Cabaret. Y los recorridos nocturnos eran, verdaderos recorridos que involucraban a una mazamorra bien limeña de hombres y mujeres.
Como bien sabemos, el Night Club Boite o Grill, aquellos centros nocturnos que presentaban fastuosos shows multicolores con las vedettes más impresionantes y los astros y cantantes del momento, devorados fueron por esta ciudad que muta a cada instante.
Madrugadas de alcohol, plumas, lentejuelas, luz negra, y amplio salón de baile. Betty di Roma, Ruby Cristal, Peggy Tessman, Satanela, Linda Lorenz, Anakaona, Mara la Salvaje, Norma Marini, muchos nombres femeninos que desfilaron su escultural cuerpo por los escenarios de nuestras extintas noches limeñas, han sido reemplazados por cómicos ambulantes, vedettes para futbolistas y bares de calatas con peperas.
El Grill Tabaris, la Grotta Azurra, la Boite el Olímpico, son igualmente sólo algunos huariques antiguamente conocidos. O el Grill Embassy en el centro de Lima. Mítico Grill Embassy, testigo de las madrugadas olvidadas por la historia.
Grandes historias, histerias largas, mollizna a la salida y con paraguas. Carros negros y brillantes, zapatos de charol, mujeres de taco alto. Compendio derruido de cómo se divertían los limeños.
Puedo atestiguar que cierto rumor persiste hoy en aquel subterráneo. El rumor de músicos fantasmas tarareando su próximo tema. Aquel tema muy bajito, escurriéndose, aún perceptible, por las paredes y techos. Techos y paredes bajo los cuales no queda nada del calor humano que se agitaba allí hace más de medio siglo, únicamente destruidos murales y espejitos.
El deseo en ebullición, un glamour de cabaret. Por motivos de fuerza mayor no diré el motivo de mi descenso hasta aquel otrora submundo del espectáculo frívolo de plumas y lentejuelas. Sólo diré que algo sucederá pronto allí.
Pero esto señoras y señores, ladys and gentlemans, es el tiempo de las boites, el ya ido, el desaparecido. Miren los murales, el escenario semicurvo donde Betty Di Roma, Anakaona, cimbrearon su cuerpo, donde Pérez Prado, Jesús Vásquez, y muchos otros, dieron lo mejor de si. La recordada escalera, la platea, los fantasmas, la añeja versión de la noche eterna.