viernes, octubre 13, 2006

Juana Manuela Gorriti: el tacto femenino

Veladas literarias a fines del siglo
Un capítulo casi inadvertido de nuestra historia literaria: los célebres encuentros culturales realizados en el hogar de Juana Manuela Gorriti, escritora argentina radicada en el país por tres décadas.

Por: Daniel Contreras M.

Un edificio blanco e imponente se levanta en el cruce de los jirones Camaná y Ocoña. Para la mayoría es la esquina del movimiento cambiario; para pocos, el lugar donde hace 130 años se ubicó el encuentro de las calles Urrutia y Pilitricas. De ahondar más en aquel pasado sabríamos, inevitablemente, que en el número 188 acontecían, durante algunos miércoles, eventos singulares hasta avanzadas horas de la madrugada.
De estar en 1876, al revisar El Nacional leeríamos una de esas crónicas que cada tanto aparecían redactadas por periodistas que opinaban que lo sucedido allí era el mejor modelo de buena sociedad, las fiestas de la inteligencia. Veladas literarias.
Un singular grupo, oportuno para una instantánea. Ricardo Palma, Clorinda Matto de Turner, Mercedes Cabello, Manuel Atanasio Fuentes y Teresa González de Fanning, reunidos junto a otros celebérrimos o desconocidos personajes en una misma habitación, no resulta inverosímil.
Acudían al epicentro de la creación cultural, participando así de su promoción y difusión, su debate en la médula de una ciudad plena de alocadas ilusiones de modernidad y progreso. Un núcleo en crecimiento, que avasallaba a las coloniales y limitantes murallas que lo rodeaban. Fines de la década de 1870.
Muchos artistas y escritores peruanos (e hispanoamericanos) miran hacia el pasado. La corriente romántica –ya desarrollada con radical fuerza en Alemania e Inglaterra y después en el resto de Europa– ha implementado tardíamente parte de su montaje de leitmotivs entre nosotros.

Fuerzas en contacto
El siglo XIX es un período delicado en el aspecto literario. Su achacada pobreza y esterilidad son un preconcepto que flota sobre el escaso estudio de sus fuentes. Su real y más abundante riqueza creativa puede hallarse diseminada en decenas de revistas culturales, que fueron de gran utilidad para la difusión de las letras.
Necesario es mencionar a La Bella Limeña, El Correo del Perú, El Ateneo, La Revista de Lima, La Neblina, Lima Ilustrada y El Perú Ilustrado –este último dirigido durante un año por Clorinda Matto de Turner– o El Álbum y Alborada (comandada por Juana Manuela Gorriti), entre otras que perfilaron con su existencia las características de este período.
En los linderos del siglo XIX, diversas fuerzas se friccionan. Un movimiento femenino surge para hacerse de un espacio, marcando el ámbito cultural y social de la ciudad no sólo mediante las publicaciones aparecidas, sino a través de aquellas reuniones donde los protagonistas del ambiente literario eran partícipes de un hecho puntual en la historia de las letras peruanas y en particular del papel de la mujer en el Perú del siglo XIX, limitado a los ámbitos del hogar.
A diferencia de las feministas de otras latitudes, las mujeres allegadas a este ambiente no centraron su discurso en la igualdad política o en el reclamo de su derecho al voto, en cambio decidieron abrir por ellas mismas las puertas a un nuevo oficio: el de la escritura. Para eso fue necesario engendrar el espacio propicio en el cual exponer sus puntos de vista. Un clima de renovación y fervor patriótico ocasionados por la recién instaurada República y por la paz social reinante, era el ideal. En realidad, estaban en vísperas de la Guerra del Pacífico.

Las tertulias de Juana Manuela
En su realización giró la vida y expectativa de nuestra sociedad cultural. El diario El Nacional da cuenta de que la primera velada literaria en casa de Juana Manuela Gorriti tuvo lugar el 19 de julio de 1876. Éstas se sucederían hasta un año después, cuando la célebre anfitriona regresó a su país natal. Queda, como testimonio, un libro de su autoría que reproduce diversos textos y algunas crónicas de lo allí sucedido: Veladas literarias de Lima. (Buenos Aires, 1892).
Juana Manuela Gorriti Subiria, escritora argentina emigrada de Bolivia –donde vivió por motivos políticos–, nació en 1818 en una hacienda de la ciudad de Salta. Llegó a Lima en 1840, junto a sus hijas Edelmira y Mercedes. Al poco tiempo, ya ocupaba un lugar preeminente en los círculos intelectuales.
Para mantenerse, Gorriti abrió en su casa una escuela primaria y un colegio para las hijas de las familias acomodadas. De fama cimentada como escritora en su país y con varios libros publicados, inició una serie de colaboraciones en semanarios como El Liberal, Iris y La Revista de Lima. A partir de 1876, su actividad principal fue ser anfitriona de las veladas efectuadas en su hogar, de intensa diferencia con las amenas tertulias de años antes. Así como marcada era la diferencia con las reuniones del Club Literario, formadas en su mayoría por intelectuales hombres.
Más fuerzas se conjugan: lo privado y lo público. Una crónica periodística hace paralelo entre las veladas y los salones europeos del siglo XVII y XVIII. Existe un claro contraste: en la Lima del siglo XIX las mujeres plantean los temas y son protagonistas principales de la discusión.
“El debate con sus propios colegas hombres y el desarrollo de la opinión femenina. La constitución de modelos de lectores/as es una práctica en la que las mujeres participan; un campo abierto cuyos efectos es necesario organizar”, puntualiza al respecto Graciela Batticuore en su libro El taller de la escritora. Veladas literarias de Juana Manuela Gorriti. (Beatriz Viterbo Editora, 1999).

Entretelones Abelardo Gamarra, el Tunante, debutó en la velada del 21 de setiembre de 1876 bautizando a nuestro baile costeño con el nombre de marinera. El inventor Pedro Ruiz Gallo presentó en sociedad los planos de su célebre y hoy perdido reloj. La joven Clorinda Matto de Turner fue aplaudida en febrero de 1877.
Otra afamada jornada: Teresa González de Fanning se refiere a la condición de la mujer y afirma “pedir para ella no la emancipación, sino, pura y simplemente, el ejercicio al derecho del trabajo”.
Noche otra, Mercedes Cabello destacó la importancia de la literatura en su rol de forjadora y representante de una fraternidad nacional y latinoamericana. En la casa de Gorriti, las niñas –escritoras debutantes acompañadas de sus madres– compartían con los consagrados.
En diciembre de 2005, la Biblioteca Nacional del Perú presentó la exposición documental Veladas literarias. Lima 1876-1877. Su carácter patriota, republicano, político, formativo, pedagógico, legitimador fue, así, revalorado, dando pie al regreso de aquella extensa literatura dedicada a ese acontecimiento social, y a su organizadora, Juana Manuela Gorriti, un personaje de presencia casi olvidada de nuestra historia. La mujer a quien Palma trataba de tú y que viviera 30 años entre los peruanos.
Fueron estas veladas el escenario para el movimiento de la literatura femenina peruana del siglo XIX. Debido a ellas, las escritoras consiguieron ser escuchadas y acceder a un campo cultural en formación, así como participar de dicho acontecimiento no sólo como objetos, sino, como sujetos.
Las veladas, continuadas después por Clorinda Matto de Turner, se convirtieron en un mecanismo social y político que ayudó a consolidar el discurso de género de las intelectuales de la época. Una estrategia que permitió su ingreso en la vida pública con mucho éxito. El momento dorado del feminismo hispanoamericano.

La cocina ecléctica
Gorriti, tuvo una vida extrema, pero no por ello alejada del ambiente femenino. Vale la pena revisar los libros sobre ella escritos y también los por ella publicados. Como Cocina ecléctica, una extensa recopilación de recetas de cocina. Las dedicadas a la comida peruana, incluyendo platos desaparecidos, son abundantes. Desde sopas teólogas, cuya receta era firmada por Clorinda Matto de Turner, hasta un estofado de corvina, remitido por Mercedes Cabello.
Basta un ejemplo: a continuación, el platillo “Migas”, de Teresa González de Fanning. “En media libra de grasa de chancho se echan a freír menudamente picadas dos grandes cabezas de cebolla, cuatro dientes de ajo molido, una cucharada de pimentón y sal al paladar.
Cuando la cebolla haya tomado color, se echan a esa salsa cinco panes medianos remojados en leche, exprimidos ligeramente, y deshechos, removiendo continuamente para que no se queme.
Cuando haya dado el primer hervor, se le echa media libra de queso fresco picado. Ya todo bien incorporado, y un momento antes de quitar la miga del fuego, se agregan seis yemas de huevo, ligeramente batidas. Se sirve con relieves de aceitunas y trocitos de yuca hervida.”

(de Identidades Nº 98. Diario El Peruano. 5 de diciembre de 2005)

jueves, octubre 12, 2006

El país en tinieblas


De lo gótico en el PerúHay que empezar con una salvedad ineludible: el gótico en Perú nunca existió. Pero hay otras maneras de encarar el asunto y no declarar esta búsqueda como inútil. Así, veremos que nuestro país no desconoció ni estuvo exento de la presencia de este estilo que, de alguna forma u otra, es revisado y revisitado, asumido y adoptado como una manera de percibir el mundo.
Por: Daniel Contreras M.


Gótico es la traducción francesa de “tudesco”, palabra usada despectivamente por los italianos del Renacimiento para el arte medieval, al que consideraban inferior. El término se relaciona también con los godos, pueblo bárbaro germánico. Lo cierto es que las primeras catedrales góticas se levantaron en la Francia del siglo XII, mientras que en otros lugares no se abandonaba aún el románico.

“Serán como dioses”, dijo la serpiente a Eva, invitándola a comer el fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal, y es entre estas dos fuerzas vitales que el gótico se vanagloria. Oscuridad y luz, altura y tierra, cielo e infierno, nociones nacidas del pensamiento religioso.

El gótico manipuló la luz y la altura para lograr interiormente la monumentalidad idónea a ese ambiente sombrío que provoca una perenne sensación de respeto y disminución. Es invención del hombre religioso que, atrapado en la tierra, estira las torres y remates de los templos como si fueran sus brazos, lo más alto posible, a fin de acercarse a lo divino, con la esperanza de estar construyendo la urbe celestial en el suelo.

Ciudad gótica
A través de la arquitectura llegó a nuestras tierras un gótico tardío. Zaña, antigua ciudad al sureste de Chiclayo, fue destruida por las inundaciones del Fenómeno de El Niño en 1578. Grande fue su fervor religioso: 14 templos así lo atestiguan.

De la ciudad original sólo quedan las monumentales ruinas de cuatro iglesias semihundidas en la tierra, además de muchas monedas y restos de vajilla mezcladas en el barro de las chacras. Diversos elementos parecieran remitirnos a un neogótico melancólico brotando en medio del maizal. Las altas columnas que separan las naves de la iglesia de San Agustín (a única gótica del lugar y que data de 1630) se elevan sosteniendo las nervaduras de las ruinosas bóvedas ojivales, contribuyendo a crear los efectos de verticalidad y sentido ascensional que desean transmitir los edificios, en una expresión muy propia de este estilo.

La influencia del gótico francés en el resto de Europa fue enorme, sobre todo en España. Llegando a América, los españoles crean diversos estilos, como el plateresco que contenía elementos y figuras de raíz gótica. Un ejemplo es la Casa del Almirante en la ciudad del Cusco. La Catedral de Lima reúne también diversos estilos, como el renacentista, el barroco, el neoclásico y, por supuesto, el gótico.

Tras los continuos terremotos que azotan la capital se inicia la reestructuración de los templos, reemplazando las estructuras góticas por las barrocas.

Desde fines del siglo XIX hasta las tres primeras décadas del XX, el estilo reaparece de la mano del eclectismo. Se eligen las características al libre albedrío de arquitectos y clientes, erigiéndose en esta época algunos edificios e iglesias góticas, como la Matriz de Jesús María, la de Lince o la de los Sagrados Corazones, hoy Recoleta, en la plaza Francia.

Mansiones como la de Nueva Acrópolis en Breña imitan castillos medievales y adornan sus paredes con personajes propios de la decoración gótica: pináculos, flores de lis, dragantes, gárgolas, florones, bóvedas ojivales y tracerías. Estas construcciones abundan, alzadas más bien, por motivos disímiles y algunas veces románticos: en el cementerio Presbítero Maestro se hallan mausoleos, que son muestras de goticismo. El castillo de Chancay es otro ejemplo. Edificado en 1925 por Consuelo Amat y León, tataranieta del virrey Manuel Amat, traduce el sensible homenaje a un marido muerto.

Más arquitectura gótica: en Jauja, se encuentra la capilla Cristo Pobre, ubicada entre las calles San Martín y Colina, y mandada a construir por el sacerdote francés Luis Gradin de 1920 a 1928. Además, fue la primera construcción de cemento en el valle del Mantaro. En Arica, Chile, la gótica catedral de San Marcos fue prefabricada en fierro por la compañía de Gustave Eiffel para ensamblarse en Sudamérica.

Levantada en 1875, se afirma que fue llevada desde Ancón en reemplazo de una iglesia destruida por un maremoto.

El eterno retorno
El gótico moderno, el que nos rodea, es en realidad una mirada hacia atrás, un regreso al pasado Gótico a través de un hábito muy contemporáneo: cambiar los sentidos y, a veces, hasta los significados de ciertas palabras. Otorgamos valores futuros en función de los anteriores.

De ser un estilo arquitectónico, el gótico se convierte en un sentimiento, en una forma de ver el mundo, de aceptar y deglutir sus pesares en un terreno del cual se alimenta labrándose con nuevos elementos, enriqueciéndose en cada época.

Hoy se piensa que todos tienen su gótico particular, creación personal con ingredientes comunes y aportados por la literatura.

Letra Golem
La literatura gótica nace en el siglo XVIII, de la pluma de Orase Walpole, quien recrea ciertos elementos ya inseparables y característicos como los paisajes sombríos, ruinas medievales, castillos con sus respectivos sótanos, criptas, pasadizos, ruidos nocturnos y cadenas, entre otros, en su novela El castillo de Otranto.

La noche del 15 de junio de 1816, en la casa de Lord Byron, en Villa Diodati en Ginebra, se concibieron dos de los mitos fundamentales de la literatura gótica: Frankestein y el Vampiro. De este siglo es también el mayor autor de cuentos y poesía góticos: Edgar Allan Poe. Nació con él una nueva lectura que se complacía en retratos de almas torturadas. De la verticalidad arquitectónica, se desprende la estética de la desesperación, la melancolía y la angustia.

En las letras peruanas el género gótico es difícil de enmarcar. Ejemplos sueltos, no son suficientes. Nuestra narrativa popular, nacida del folclor andino, muy bien podría conllevar estos elementos a través de personajes como los pishtacos, quienes se mueven en las noches cual vampíricos chupasebos, o los seres que actúan en la soledad, como los diablos enamorados al borde de los caminos, los condenados arrastrando cadenas, las Marías Marimachas regresando de la muerte o las mulas en la medianoche montadas por quejosos condenados.

Si bien la literatura fantástica no es necesariamente gótica, la carga sobrenatural, así como el elemento dramático y expresionista, facilita la entretenida búsqueda.

Muchas son las leyendas en la Lima del siglo XVIII, entre ellas la del coche de Zavala, vehículo que varios afirmaban haber visto a medianoche paseando por la ciudad, rodeado de llamas infernales y de demonios, tradición recogida por Ricardo Palma, quien invoca en una de sus narraciones la luz de escritores góticos como Hoffmann o Poe a fin de sacarle el jugo a tantas historias. Así, verdaderas características góticas aparecen en sus tradiciones como El encapuchado, El carbunclo del diablo y El resucitado, entre otras.

A inicios del siglo XX, muchos escritores labraban escritos fantasmagóricos, relatos de espiritismo, de pasiones incestuosas y demenciales. Clemente Palma, hijo de don Ricardo, escribió cuentos de ficción siempre con un halo sobrenatural, pues este tipo de narraciones, publicadas en diversas revistas, tenía buena aceptación entre los lectores.

A Clemente, autor de libros como Mors ex vita o Historietas malignas, se le asocia con los inicios del cuento moderno y de la narrativa fantástica, junto con otros escritores, hoy casi desconocidos, como Blanca de Assis, Moreno Thellesen o poetas como José Chionio, quienes poblaban las semanales páginas de Variedades o Actualidades durante las primeras décadas.

José María Eguren
presenta una poesía melancólica, dedicada a cuartos oscuros, muebles viejos, navíos encallados, que imprimen una sensación de misterio y angustia, tal como la describe Luis Alberto Sánchez.

Con su poemario Desengaños del mago, Manuel Scorza remite a medievales calabozos y torres clausuradas. Antonio Cisneros publicó en 1992 un poemario basado en el Drácula de Bram Stocker.

Mucha más reciente y local es Sarah Hellen, vampírico personaje que llegó a nuestras costas y que hoy descansa en un cementerio de Pisco. Historia reinterpretada por Carlos Calderón Fajardo en el libro El viaje que nunca termina, homenaje a esta literatura por parte de un autor que asume "con plena conciencia" la hechura de un escrito gótico, oficio que también acepta José Donayre Hoefken en la novela La fabulosa maquina del sueño (1999) y la colección de cuentos Entre dos eclipses (2001).

No se puede dejar de mencionar la figura y la poesía de Monserrat Álvarez, con su poemario Zona dark (1991).

Corazones adictosEl movimiento gótico en el rock peruano es un símbolo más de nuestra típica anacronía, pues lamentablemente esta movida llegó con muchos años de diferencia. Vestidos de negro, chicas y chicos recorren las calles del centro. Lima de los ochenta conoce así a los darks , quienes escuchan música dark y que son, por lo general, fanáticos del rock gótico inglés, proveniente del pospunk , que sonaba ya desde los setenta.

No existieron en el medio bandas góticas propiamente dichas, con la noción dada por la influencia inglesa, sino, más bien, grupos que tocaban covers (nuevas versiones) de conocidas bandas del gothic rock, grupos como Christian Death, Sisters of Mercy, Mephysto Waltz o The Mission, la cual recientemente tocó en Lima en gira crepuscular.

En cambio, existieron bandas de música dark, sobre todo durante los últimos años de los ochenta, como Feudales, Salón Dadá (que luego cambiaría su nombre a Col Corazón) y Lima 13.

El gótico es un movimiento que persiste aún en muchos países como Argentina, España, Chile y Colombia. En el Perú, en Uruguay o Venezuela, el dark duró muy poco tiempo.

Chirrea el portón

Se acaba el espacio, pero el tiempo continúa. La vida tiene la velocidad del sol deslizándose como una sombra en el suelo. Muchos ejemplos quedan en el tintero, como la pintura y las catedrales góticas de Adolfo Winternitz, o sus vitrales que adornan aún diversas iglesias de la ciudad. Los cuadros de Fernando de la Jara, las tallas de los Mendívil que recuerdan a la escultura gótica y sus formas alargadas. Quedan personajes como aquel vampiro que frecuentaba las noches del otrora Marcantonio y a veces tocaba el piano.

Elementos si bien sugerentes, no son suficientes para tentar ceder el aura gótica a alguna fracción de nuestra cultura. Ayudan a definir este estilo, no como un fenómeno propio de una época, sino más bien como algo indesligable del carácter humano.

Del otro lado de la medalla, estará siempre aquella sobrenaturalidad, la cual no ocurre necesariamente en castillos medievales, sino entre el bien y el mal. Pero, para no cerrar definitivamente el portón de las posibilidades, ante preguntas como ¿qué es “nuestro gótico? o ¿a qué, a quién podemos llamar así?, quizá opte por la mejor salida, una muy propia del misterio: donar al mundo sólo preguntas sin responder.

La noche es una buena hora para escribir sobre el gótico, pero estoy sospechando que quizás ya sea hora de que vaya y me acueste, en los brazos de esta fría madrugada.
(Suplemento Identidades, diario El Peruano. Nº 11, 27 de mayo de 2002)

miércoles, octubre 11, 2006

Autómatas: la tuerca histórica

Hombres falsos
Por: Daniel Contreras M.

No es casual que en las películas de prosaicos efectos especiales, muy serie B, sobre dioses y héroes griegos, entre ellas, las famosas Furia de titanes o Jason y los Argonautas, los hombres aparezcan rodeados de hábiles perros artificiales, agoreros buhos metálicos o furiosos gigantes de bronce.
En la mitología griega, el autómata tiene una rica tradición, desde Pigmalión hasta Dédalo. Pero no es sólo una cuestión mítica, sino una osadia real de los más ingeniosos inventores, aquellos que decidieron obrar como Dios.
Tal era el caso de Amenhotep, hermano de Hapu, que construye en el año 1500 A.C., una estatua de Memón, Rey de Etiopía, que emite sonidos cuando le iluminan los rayos del sol al amanecer.

Entre el 400 y 397 A.C Arquita de Tarento construye una paloma de madera suspendida de una viga, la cual rotaba con un surtidor de agua o vapor, simulando vuelo. En el 770 DC Yang Wu-Lien crea un mono que extiende sus manos y dice ¡Limosna! ¡Limosna!, guardando lo obtenido en una bolsa cuando alcanza un peso determinado.
Roger Bacon (1214-1294) construye, tras siete años de estudios, una cabeza que habla. Leonardo Da Vinci fabrica en 1500 un león automático en honor de Luis XII. En 1640 René Descartes inventó un autómata, al que se refiere como "mi hijo Francine".
Es en el siglo XVIII que los automatas se convierten en objetos de culto, y donde sobresale el genio de Jacques Vauncanson. Este mécanicien de génie obtuvo su milagrosa celebridad gracias a su ánade hecho de cobre, que bebe, come, grazna, chopotea en el agua y digiere su comida como un pato real.
Previamente construye un flautista y un tamborilero. Tan encantadores hasta que Napoleón hizo un serio intento a fin de obtenerlos. En Francia e Inglaterra estalla un increíble demanda que permite el surgimiento de innumerables criaturas de asombrosas construcciones y de juguetes bastante ingeniosos. Y así las calles parecieron ferias o pequeños circos ambulantes. El racional y lógico siglo XVIII seducido por astucias mecánicas.
DULCE COMPAÑÍA
Sin duda estos y demás famosos autómatas han servido de inspiración a escritores y poetas. La primera aparición en la literatura se encuentra en La Iliada, de Homero cuando unas adolescentes de oro son utilizadas por Vulcano como servomecanismos. También son conocidos los criados automáticos de Petronio en El Satiricón y los que luego aparecen en la oriental Mil y una noches.
Ya en el medioevo, la corte del Rey Arturo coexistía con la precaria ayuda de autómatas, que actuaban de guardianes y guerreros frente al corajudo Lancelot.
Sin embargo, es a finales del siglo XVIII que los literatos se dedican con pasión al tema de los hombres artificiales. El romanticismo sabe recuperar plenamente el ambiente de exasperación y lúgubre magia. Caudillo de estas anormales criaturas es el Homúnculus del Fausto de Goethe, un ser fruto de una anti-tradicional alquimia. Posteriormente, los memorables Hadaly de La Eva futura, de Villiers de L'isle Adam o el Frankestein de Mary Shelley le dan ese tono dramático y trágico.
Tambien está Olimpia, en el cuento El arenero, de E.T.A. Hoffmann. Ya en el siglo XX, Gustav Meyrinck reinventa la historia del ser más tétrico y terrorífico nacido de un versículo de la Biblia, El Golem. En lugar aparte aparece Pinocho de Collodi, un títere adorable, lejano de la naturaleza autómata. En terrenos musicales Coppelia, dada a la vida por un anciano decrépito, es uno de los ballets más representados.
Entre los escritores latinoamericanos destacan las creaciones de Jorge Luis Borges en el relato Talos, del Libro de los Seres Imaginarios o La invención de Morel, de Bioy Casares y su "completa, reproducida, idéntica" Madeleine.

(En revista OIGA Nº 34. 22 de diciembre de 2000)

martes, octubre 10, 2006

Anuncios del ayer


La publicidad en el antiguo Perú
Un repaso a la publicidad de las dos primeras décadas del siglo XX motiva asomar la vista a una etapa de nuestra sociedad, pródiga y prometedora, pero perdida en el tortuoso y largo camino de la historia.

La señorita Consuelo P., sentada bajo la sombrilla, ojea una revista un jueves por la tarde. Pasando perezosamente las páginas detiene su mirada en un pequeño anuncio que pareciera caerle del cielo: “¿Le dará el sí? ¿Es su delicado cuerpo capaz de responder al llamamiento del matrimonio y de la maternidad? Cuando se toma con regularidad el compuesto vegetal de Lydia E. Pickham se adquiere vigor físico y la satisfacción de enfrentar sin miedo lo que el futuro puede traer”.

En otro punto de la urbe, Juan A., narciso consumado, lee el diario y encuentra una publicidad de su interés: “Photoscope, máquina eléctrica fotográfica. Por 20 centavos se obtiene un retrato perfectamente concluido. ¡Invento del siglo XX! Sólo en La Corona de Oro, de Moravski Hnos. Mercaderes 205".

Mucho más lejos, en una pequeña hacienda en las afueras de Tarma, Pascualina H. recibe una pequeña encomienda proveniente de la capital. Tras abrir el paquete, su atención se vierte en la envoltura, unas arrugadas hojas de periódico con fecha de hace tres meses. Antes de tirarlas a la basura revisa los anuncios, y lee uno en particular mientras se forma una sonrisa en su rostro: “Gran fábrica de dientes. Nuestros trabajos son iguales al que hacen todos los dentistas del mundo. Especialidad en dentaduras de oro, caucho, aluminio y porcelanalo".

Tres instantes de nuestra historia cotidiana, sucedidos en algún momento del calendario durante las dos primeras décadas del siglo XX, nos dan la bienvenida al mundo de la publicidad donde todo tiene solución, con garantía incluida. Pero si Consuelo, Juan o Pascualina respondieron al llamado del anuncio, ese ya es otro tema. El nuestro se centra en la historia detrás de los avisos.

Antaño
Lima contaba para mediados del siglo XVIII con varias imprentas y diversos maestros impresores. Diarios como La Gaceta de Lima, fundado en 1715, publicaban recuadros informando la aparición de libros e impresos. Pero es en el Diario de Lima, nacido en 1790, donde la publicidad gozaría de un leve auge a través de los llamados “Remitidos” o “Comunicados”, publicados por personas naturales a un costo módico. Trueques, ventas, temas personales y políticos eran cotidianos en estas páginas. Así, en el Perú se adoptaba la modalidad de algunos medios franceses, la cual impera hasta hoy: los avisos pagados costean la edición.

En las dos primeras décadas del siglo XX, la publicidad iniciaría una época dorada gracias a la importante presencia de revistas con gran influencia. Para 1918 existían 18 semanarios y 167 diarios, llegándose al clímax de imprimir, tan sólo diez años más tarde, 88 revistas y 473 diarios a escala nacional.

Las distribuidoras de medicamentos crecieron a partir de la década de 1870, fruto de la publicidad. Lograron un gran mercado con la automedicación, debido a la dificultad para encontrar médicos en las áreas rurales. También, los vendedores de fármacos obtenían grandes beneficios, con anuncios de sus recetas y preparados. Por ello, la abundancia de este tópico en el mundo publicitario de la época.

“¿Tiene Ud. que hacer aguas a cada momento? Las pastillas del Dr. Becker, mientras más pronto las tome mejorla. “Cinturones eléctricos contra la neurastenia, afrodisia, histerismo, espinazo, riñones, gota, etc.”. “Carnol, un preparado para engordar”. “Para el cerebro y contra la debilidad sexual, el heroico vitalizador cordial de Cerebrina compuesto del Dr. Ulrico de New York". “Remedios de Abisinia Exibard en polvos, cigarrillos, hojas para fumar, alivian y curan el ¡ASMA!”.

Esta publicidad que no conoce límite en sus promesas, creaba un mundo ideal, donde su único lema podría ser: “El público es como un niño, cuyos estados más elementales de conciencia, los publicistas debemos conocer”.

Célebres revistas y diarios llenaban los puestos: El Tiempo, El Turf, Perricholi, Mundo Limeño, Variedades, Prisma, La Crónica y Actualidades, entre otros, todos con sus tarifarios muy bien organizados.

Si en un inicio los avisos eran sólo textos ordenados con diferentes tipos de letras por los mismos diagramadores del impreso, en otras ocasiones tan sólo eran una suerte de collage, armados sobre la base del dibujo de la etiqueta en el producto o de recortes de revistas europeas y estadounidenses.

Aún así, muchos de los excelentes ilustradores que habitaban las páginas de dichas revistas (Pedro Challe, José Alcántara La Torre, Jorge Holguín de Lavalle o Julio Málaga Grenet) realizaban trabajos de creación publicitaria a pedido de diversas casas editoras como la imprenta de T. Scheuch o Editorial Perú de Cipriano A. Laos.

Empresas que ofrecían “anuncios en los diarios y en los lugares de mayor tráfico y aglomeración por procedimientos nuevos en el país, así como ediciones artísticas, afiches, avisos y dibujos comerciales”.

Bella de día
El negocio de la belleza era otro punto fuerte en las páginas de nuestra prensa. “Roses d`Orsay, un perfume que armoniza con el aroma del cigarro”. “Extirpadores de vellos superfluos contra la falta de feminismo, la expresión masculina y pelos en el rostro de la mujer". Desde lociones orientales contra la caída del cabello hasta artilugios para obtener una nariz perfecta eran anunciados y adornados con imágenes de gran potencia sugestiva. Mientras más lejana, exótica y extranjera es la hechura del producto, mejores resultados habrá.

Si en la actualidad un consejo publicitario dice: “Si hay dos formas de redactar un anuncio, escoge la más corta”, podríamos decir que ante esto, dicha época es prehistórica. Todos los estilos conviven: narrativos, descriptivos, alegóricos, poéticos, realistas, imperativos, etc.; los cuales tomarían de la publicidad estadounidense y francesa, su mejor estilo gráfico y la hipérbole en el discurso. Pero este abuso de la credibilidad del público responde a la meta de la publicidad misma: el contagio mental mediante la persuasión.

En la edición del 9 de julio de 1910 de la revista Variedades se publica cuáles son los efectos del anuncio. Un aviso es efectivo, comenta el periódico dirigido por Clemente Palma, después de publicarse por lo menos diez veces seguidas y de ser posible en el mismo sitio. A la primera inserción, el lector ni siquiera verá el anuncio. A la segunda, lo ve, pero no se detendrá a leerlo. A la tercera, le da curiosidad y lo lee. A la cuarta, se fija en el precio de lo anunciado. A la quinta, buscará las señas de la casa vendedora. A la sexta, hablará del anuncio a su mujer. A la sétima, se propondrá hacer la compra. A la octava, la hace. A la novena, habla del anuncio a sus amigos. Y a la décima, les vuelve a hablar del asunto y éstos se lo contarán a sus mujeres, entonces la familia de cada uno de ellos comprará a su vez el periódico y de ahí en adelante se espera a que los efectos sean los de una bola de nieve, es decir, el éxito debe ser inminente.

Todo anuncio es una ventana a la sociedad a la cual se dirige, a sus necesidades, sus gustos, sus problemas, su forma de vida y el espíritu que la domina. Su desarrollo va acorde con el crecimiento poblacional y económico. Todo lo que puede ser vendido, podrá ser anunciado. La publicidad es una práctica que muestra indirectamente el alma del público, y que actualmente ha mejorado en técnicas y estrategias. Ejemplos geniales que siguen rondando los terrenos del arte, el cual siempre halla en lo publicitario, su reflejo perfecto.

(Del suplemento Identidades, Nº 4. Diario El Peruano. Lima, Lunes 8 de abril de 2002)

viernes, octubre 06, 2006

La brutalidad de la sumisión negra


Los esclavos y el castigo en el Perú
El Fondo Editorial del Congreso del Perú acaba de publicar el libro Breve Historia de la esclavitud en el Perú del historiador Carlos Aguirre, lo que motiva también un repaso a la serie de carencias sociales, escarmientos y sanciones que recibían los esclavos en la ciudad de los Reyes durante el virreinato. La legislación del espanto y la discriminación pública y abierta.
Por: Daniel Contreras M.

Cien azotes, amputaciones para evitar huidas, presentar la cabeza del negro para recibir recompensas, embadurnar miel a un esclavo amordazado para que miles de moscas pulularan enfermizamente por su rostro y cuerpo en plena calle, portar una calza de hierro de cinco kilos durante dos meses sin dejar de trabajar, o la pena de muerte. Entonces, cuerpos colgaban de sogas amarradas a maderos y a decenas de cadáveres les era echada la cal en la fosa común.
Desde que Francisco Pizarro obtuviera del emperador Carlos V la venia para introducir al Perú cincuenta esclavos, se dio inicio a trescientos años de tráfico de cautivos en esta parte del continente, y con ello, una legislación para la esclavitud llena de tormentos y cruentas sanciones. A las colonias españolas de América fueron trasladados casi un millón 600 mil humanos, en un lapso de tiempo entre 1528 y 1870, siendo este número el resultado de un contingente humano mayor pero fallecido en viajes marítimos eternos e insalubres.
El trabajo de cientos de cautivos durante los primeros años de la conquista tuvo como fin el trabajo servil en casa de los conquistadores, como subalternos en los ejércitos o como peones de rudas maniobras de la construcción. Según el cronista Bernabé Cobo (1582-1657), Lima tenía una población de aproximadamente 30 mil negros, cuya mayoría podía encontrarse en las costas y en los valles agrícolas.
La trata humana se otorgó por contrato a comerciantes extranjeros. Recién, en 1784, se permitió a los barcos españoles el ingreso de esclavos previo pago de 150 monedas por persona. En 1804 se prorrogó por doce años más este permiso. Durante el gobierno de 1806, del virrey José Fernando de Abascal (1743-1821), llegó al Perú el último grupo de esclavos, cotizándose un varón adulto en 600 pesos.
Los que llegaron al Perú pertenecían a diversas castas. Un artículo publicado por el Mercurio Peruano, en 1791, menciona a los mandingas, los misangas, los lucumés, los congos, los cambundas, los cangaes, los carabalíes, los chalas, los huarochiríes y los terranovas. A ellos debe añadirse a los angola, una de las etnias más conocidas y numerosas que había entonces en la capital.
El alma en un costal
Llegaban de Panamá o Cartagena de Indias al Callao. Desde ahí eran transportados a Malambo, una suerte de depósito en el Rímac donde se cumplía la cuarentena y la espera de la venta y la subasta.
La expresión “Alma de boca” significaba que un esclavo era vendido con todas sus facultades físicas y mentales, aunque si se le denominaba “costal de huesos” lo definía como enfermo o con alguna discapacidad. Todos los esclavos tenían una marca, una quemadura hecha en la piel con hierro candente, denominada “carimba”, norma abolida en 1784. Tras la aparición del Diario de Lima, las ofertas no dudaban en imprimirse a la caza de nuevos esclavos.
En la edición del 16 de mayo de 1792 se anunciaba “Ventas. Quien quisiere comprar una criada preñada en días de parir, bozal, reformada, ocurra a la calle de Bodegones la primera casa, donde fue café. Arriba en los altos vive su ama en la segunda mampara”. Esclavos desde la placenta.
Lima en pena de muerte
El cronista Antonio de Robles señalaba en su Diario de sucesos notables 1665-1703, lo común que era en la Colonia que los esclavos mataran a sus mayordomos y a sus amos. Casos como el del negro que mató al mayordomo del obraje de Peredo, o el del mulato, esclavo de Santiago Bollo, que casi mata a su señor, durante la segunda mitad del siglo XVII: ambos merecieron la pena de muerte. Los asesinatos casi siempre eran violentos, pues se apuñalaba y se degollaba, sin usar venenos o armas de fuego. La celebración de la pena de muerte –ya sea de esclavos, soldados, acusados por la Inquisición, orates, indios soliviantados– se convertía en la ciudad de Lima en un acto que despoblaba las calles, jirones del centro, arrabales y pueblos para poder ver este tipo de justicia.
Azote, toque y fuga
Según el libro de Carlos Aguirre (Talara, 1958), los esclavos negros recibían, a diferencia de las personas libres, duros castigos y sanciones que nunca habrían sido aplicados a españoles ni criollos, lo que acentuaba su posición subordinada en la sociedad virreinal, aunque también en la republicana. Hay un ejemplo: a un negro capturado tras su fuga se le castigó con cien azotes. Pero reincidió y se le amputó un pie. Sin embargo, volvió a cometer la falta, y terminó ahorcado.
La Recopilación de las leyes de Indias de 1680 marcó la consolidación en lo referente al tipo de trato que debían recibir los esclavos. Una fuga que demorara más de medio año tenía como sanción la pena de muerte o “penas bárbaras, infamantes y de efectos irreparables”, según escribe el historiador Javier Prado, en Estado social del Perú durante la dominación española, de 1941. Con la publicación de la Real Cédula de su Majestad sobre la educación, trato y ocupaciones de los esclavos en todos sus dominios de Indias e Islas Filipinas (1789) en algo se frenó los abusos al regularse las infames normas, aunque la subordinación seguía siendo igual.

Tras la Independencia
Hasta fines de 1854 la situación de los esclavos era similar a la de cualquier mercancía sin valor humano. Ya en este año no llegaban más a nuestros puertos los "bozales", esclavos que venían directamente de África y traídos en barcos por tratantes para su venta apenas arriben.Pero el negocio era de reconocimiento público, motivo por el cual tenía su reglamento. La llegada de esclavos desde África ocurrió durante estas legislaciones hasta 1818.
El propietario de un esclavo podía venderlo, traspasarlo o permutarlo y quien requiriera de alguno podía conseguirlo también en el mercado. Además de otras modalidades, los amos tenían en los diarios de Lima y provincias su mejor tribuna para ofertar la "mercadería".
Como se leerá en cualquier archivo, colocaban en los anuncios periodísticos las características del esclavo que ofrecían, así como informaban todo lo que conviniera con tal de lograr una transacción económica satisfactoria. Era muy simple, un amo ofrecía al esclavo y daba la dirección donde ponía realizarse el negocio. Ocurría también lo contrario: una persona requería de un esclavo y ponía su pedido en un aviso en los diarios.
Cambiar un esclavo de algunas características o con cierta especialidad por otro de otras actitudes, era la permuta. En el diario El Comercio de 1854 se podían leer los siguientes avisos: "Un esclavo de edad regular en un precio cómodo" (22 de abril de 1854), "Por causa de viaje (se vende) un esclavo edad de 25 años, fuerte y robusto, su valor $ 417. Se dará razón carpintería café antiguo de San Agustín" (2 de agosto de 1854), "Un matrimonio con una hija de seis años..." (17 de julio de 1854).
Esclavos en fuga
Todo este panorama cerraba su círculo de barbarie en la lógica y consecuente fuga de esclavos. Avisos de este tipo eran muy frecuentes en las páginas de El Comercio, por ejemplo del año 1854, donde se menciona incentivos o gratificaciones (25 pesos) para quienes entregaran a los fugados; se decía sus nombres y apellidos, se daba la filiación, características o defectos físicos de los huidos, así como su vestimenta. Llama la atención la cantidad de niños que se fugaban.
Asimismo, huían esclavos de muy diferentes edades y de muy desiguales particularidades; la fuga se hacía casi a solas o en pequeños grupos, muy rara vez la realizaba un grupo familiar. La mayoría de avisos de El Comercio corresponde a esclavos de Lima, escondidos en palenques.
Por ejemplo: "25 pesos de gratificación se dan a la persona que entregue o dé noticia cierta del paradero de un zambo llamado Francisco de Paula que se fugó de casa de sus amos el viernes 18 del corriente. (...) Su voz es hueca y presenta un carácter humilde o hipócrita; su edad es de 25 a 28 años (...). Es buen cocinero y acostumbra presentarse en las casas particulares, fondas de Lima y Callao y en los buques a pedir este trabajo, diciendo ser libre.
Asimismo acostumbra presentarse a cualquier cuerpo del ejército exponiendo ser licenciado. Sus amos suplican a los señores jefes y oficiales, tengan la bondad de no admitirlo, y si lo tienen, tengan a bien retenerlo. También se advierte que en esta fecha se ha dado parte a la Intendencia (prefectura), para que si llega el caso, se aplique la pena impuesta en los artículos Reglamento de Policía, sobre ocultación y jornales. En esta imprenta se dará razón de sus amos y también se tomarán algunos criados a jornal". El Comercio, Lima, viernes 20 de octubre de 1854.
Testimonios y narraciones de supervivencia en los amarillos papeles de los diarios. Historias olvidadas de quienes en Lima intentaban dejar atrás la barbarie del pasado. Estigmas vivientes, andantes y ocultos entre matorrales. Luchando eternamente por un mundo nuevo. Un nuevo mundo tras la crueldad.

(Identidades Nº 89. Diario El Peruano. 18 de julio de 2005)

martes, octubre 03, 2006

Desde las orillas de Ritoque


Ciudad Abierta, una experiencia de radical construcción en Chile
La arquitectura por conocer
En una extensión de más de 200 hectáreas ubicada en la playa chilena de Ritoque –entre Valparaíso y Viña del Mar–, Ciudad Abierta se erige como un proyecto “vivo y comunal”, producto de un nuevo concepto de arquitectura y de poesía. Fundada por una pléyade de creadores, es un proyecto de larga data, potente y, a la vez, valiente.

Por: Daniel Contreras M.


I
Estoy en el lugar donde el sentimiento se transforma en construcción. He recorrido a buena velocidad, y hacia el norte, la calurosa y moderna costa chilena ubicada entre Valparaíso y Viña del Mar, hasta llegar a la playa de Ritoque. Un modesto letrero, perdido entre el follaje del camino que dice Corporación Amereida, y una blanca reja electrónica abierta mediante clave son el escueto recibimiento al proyecto artístico más representativo, antiguo y consolidado de América Latina: Ciudad Abierta.
Ideado como un espacio de vida y de trabajo colectivo para poetas, filósofos, escultores, pintores, arquitectos, diseñadores y obreros, su nombre evoca al título de la película Roma, ciudad abierta, de Roberto Rosellini. Pero no estamos ante la ciudad bombardeada, sino ante una urbe ideal, donde en sólo 270 hectáreas se erigen una serie de construcciones en las que el experimento con los materiales y los conceptos poéticos, filosóficos y matemáticos se funden. Ciudad Abierta, para quien la visita, representa a la par una propuesta de sociedad y, a la vez, una propuesta para la sociedad.
En la entrada nos espera Fernando, un arquitecto residente desde hace cuatro años en Ciudad Abierta y el encargado de explicarnos en qué consiste todo esto. “Amereida es un poema épico. Es la reunión de la Eneida de Virgilio con América, una naciente visión del continente en que vivimos, la Eneida de América como modo de re-originar y de destinar a nuestro continente”, sostiene.
II
El propio norte americano
Es inútil: esta época estéril no me retendrá. Mi siglo es para mí un azote. Yo aspiro a los campos verdes de la vida y al cielo del entusiasmo. Friedrich Hölderlin
El origen de Ciudad Abierta como concepto se remonta a la década de 1950. Un grupo de filósofos, arquitectos y poetas, liderados por Alberto Cruz Covarrubias y el vate argentino Godofredo Iommi, llega de Santiago a Viña del Mar (a diez minutos de Ritoque) contratado como profesores de la Escuela de Arquitectura y Diseño de la Universidad Católica de Valparaíso. Tras decidir generar su espacio propio hacia 1969, adquirió un lote de terrenos anexos al mar. Su apertura se realizó un 20 de marzo, fecha que rememora la muerte del deslumbrado poeta Friedrich Hölderlin.
“En esta relación entre poesía, vida, trabajo y estudio se nos daba todo unido. Y pensamos cómo podíamos continuar ese régimen. En un principio, pensamos en una especie de Bottegga, como las del Renacimiento. De ahí pasamos a la ciudad abierta. Un día surgió esa posibilidad de irnos a vivir a un lugar que manifestara todo esto. Porque en la poesía, en su fondo, indica que existe algo que siempre permanece desconocido. Si pensábamos encontrar nuestro propio lugar, en la búsqueda nos encontraríamos con lo desconocido. Y el que manifiesta poéticamente ese desconocido, para América, es el océano Pacífico. Por eso nos colocamos al borde de él”, responde años después el arquitecto Cruz en una entrevista.
La formación de una cooperativa fue lo primero: Amereida, que luego en 1998 derivó a corporación cultural, con el fin de abrirse a todos los interesados. El proyecto va más allá del círculo de sus fundadores. Asimismo, se producen las ya míticas travesías de Amereida, verdaderas experiencias poéticas y geográficas que llevaron a sus integrantes, por primera vez en 1965, a recorrer el continente desde la Tierra del Fuego a Santa Cruz de la Sierra en Bolivia, celebrando actos y construyendo pequeñas obras. Desde entonces, año a año, los talleres de Ciudad Abierta realizan nuevas travesías que Fernando comenta entusiasmado.
Amereida, la Eneida de América. “El mundo recién se completó cuando se descubre América”, sostiene nuestro anfitrión, “y la Ciudad Abierta nace no con la visión de América según el Norte y el Sur convenido hoy en día, sino con su propio norte pensado y trazado a partir de una nueva reorientación”. Amereida I y II son también un par de poemas escritos en 1965 que resumen todas estas expectativas, así como las nociones del mar interior que se propone. Amereida I y II han sido fundamentales en la orientación e inspiración de Ciudad Abierta para su búsqueda de la unidad en todo sentido.
III
Gran libertad de imaginación
Una casa viene al mundo, no cuando la acaban de edificar, sino cuando empiezan a habitarla. Una casa vive únicamente de hombres, como una tumba. Sólo que la casa se nutre de la vida del hombre, mientras que la tumba se nutre de la muerte del hombre. Por eso la primera está de pie, mientras que la segunda está tendida. César Vallejo
En Ciudad Abierta, los principios de la corporación desde la época primera hasta la actualidad en cierta manera son los mismos: una urbe autogestionaria donde se trata de “cambiar de vida, más no de mundo”. De respetar la naturaleza virgen y de no convertirla en paisaje. De hacer de la docencia y del oficio mismo de la arquitectura una materia abierta a todas las expresiones. Así, este proyecto ha devenido en un real modo de vida, trabajo y estudio para muchas personas. Una aventura que abre nuevos caminos de emancipación para la arquitectura.
Los alumnos de la Universidad de Valparaíso que hayan decidido asistir a Ciudad Abierta participan activamente en su permanente construcción mediante los talleres de obra. Además, cuentan con un laboratorio de prototipos para formular en objetos dichos proyectos. Asimismo, cada miércoles asisten a la asignatura de Cultura del Cuerpo, toda una jornada de ejercicios en una canchita cercana que Fernando nos señala.
Las Ágoras son las primeras obras levantadas en Ciudad Abierta. Luego llegaron los talleres, posteriormente las hospederías, el espacio íntimo, donde se alojan los residentes y sus familias, sean chilenos o extranjeros, estudiantes o profesores. En realidad, la mayor parte proveniente de las escuelas de Arquitectura y Diseño de la Universidad Católica de Valparaíso.
También se erigieron otros edificios, como la recuperada sala de música, y en la parte alta de la ciudad, diversos espacios públicos, entre ellos el anfiteatro o el extraordinario y bellísimo cementerio en ascensión hacia la montaña. Aquí, el camposanto tradicionalmente concebido rompe todas sus leyes. Su capilla aledaña: mínima construcción compuesta por unos troncos que como postes sostienen largas filas de telas como techo. La cruz, casi invisible por estar hecha de dos finas y largas tiras de madera, nos recuerda y devuelve el sentido religioso que, a la vez, se confronta magníficamente con el poético, porque todo está construido con el lenguaje múltiple de la poesía, de la plástica, el diseño y de la arquitectura. Construcciones simbólicas en un espacio existencial.
Goethe decía que la arquitectura es música congelada. Heidegger que todo arte es, en esencia, poesía. Y es la poesía la encargada de darle forma a las visiones de Amereida y de Ciudad Abierta, configuradas a través de diversos y famosas acciones realizadas desde principios de la década de 1970.
¿Cuál recuerda como especialmente significativa? El interrogado es nuevamente Alberto Cruz en una entrevista. “El de la Plaza de Armas de Santiago. Porque los actos poéticos siempre van revelando el destino de la ciudad y allí le revelaron los terremotos, lo que significaban para la vida de Santiago y la concepción de la ciudad; y cómo la adversidad se puede transformar en lo favorable. Se hizo un juego con unas enormes cartas que hicieron los poetas y las palabras iban formando casi un poema que se ponía en unos lienzos”.

IV
Hasta prontoEl mar se ubica a escasos metros. Los obreros trabajan en los alrededores. Una a una, distanciadas por dunas y pequeños bosques y cerrillos, se levantan las casas construidas y las que se hallan en plena obra, coherentes, atractivas, en un juego de materiales disímiles. Existe en Ritoque un ingenio que reinventa el oficio mediante la experimentación de técnicas arquitectónicas, como las columnas vaciadas en material textil, las casas que flotan sobre un piso de cerdas, las nuevas formas del cemento, del ladrillo, del uso de la luz. Cada edificio es un experimento de libertad, pues su edificación no estaría permitida en otra zona del país.

“Existen innumerables normas a las que las construcciones están sujetas para aprobar las exigencias de los municipios chilenos”, puntualiza Fernando.
Pero las normas también existen aquí. Vivir en Ciudad Abierta, ser socio de la Corporación Amereida, aprender y edificar en Ritoque implica tener un gran nivel de desprendimiento: nadie es dueño de sus obras, cada aporte y construcción que se realice es una donación para el proyecto. Cada habitante crea la ciudad -a la manera de Marcel Duchamp- reutilizando los materiales que tenga a mano en contravención a lo frío y monumental de las grandes ciudades.
Ciudad Abierta es considerada a nivel mundial una reforma académica en la arquitectura latinoamericana, comandada por una nueva propuesta pedagógica y creativa. Uno de los fenómenos culturales más interesantes y observados, en el ámbito sudamericano, a partir de la producción colectiva y organizada.
Ante la complejidad que plantean las ciudades contemporáneas, sobrevive, enfrentando peligros y juegos de presión como los comentados por el anfitrión a la hora de la despedida: “Los resorts aledaños han visto estos terrenos como ideales para sus propósitos”.
Ciudad Abierta, a casi medio siglo de su creación, continúa siendo una visión. Nosotros muy bien la podemos compartir.

(Del suplemento Identidades del diario El Peruano. Edición 103. 6 de marzo, 2006)

lunes, septiembre 25, 2006

Dibujos de Picabia, Dalí, Picasso y más en Lima


Espectacular Colección MAPFRE en el MALI
Dibujo maestro
La exposición Dibujos españoles del siglo XX pone de actores principales en nuestra escena cultural y a hasta el 19 de noviembre a diversos maestros del arte, a través de sus dibujos.

Por: Daniel Contreras M.


Atención: excepción cultural en nuestra ciudad. Quizás la exposición más importante y significativa del año tiene lugar en el Museo de Arte de Lima. A no dudarlo, uno de los esfuerzos culturales más entusiastas que viene permitiendo al público peruano acceder a la obra de Dalí, Picasso, Miró o Picabia, entre muchos otros nombres que brillan en el firmamento del arte.

Dibujos españoles del siglo XX reúne de manera impactante setenta piezas de artistas españoles y de otros países, pertenecientes a una de las más destacadas colecciones de arte de la primera mitad del siglo pasado –la de la Fundación MAPFRE– seleccionadas por el curador Pablo Jiménez Burillo.

A su paso por Lima, el también director general del Instituto de Cultura de esta aseguradora española afirmó las bases del conjunto: “la idea de un dibujo autónomo y suficiente en sí mismo, como expresión artística plena...”.

De esta manera, los ávidos espectadores de Lima que hasta el momento han visitado el MALI encuentran, sobre todo, una exposición de puntos clave en el devenir de la historia del arte. En palabras de Jiménez, “obras que del apunte, los bocetos o las ilustraciones, dieron el gran salto a obras de arte en si mismas”.

Titanes del dibujo
Remedios Varo, la pintora surrealista, nos da la bienvenida con su Catálogo de las sombras junto al artista considerado el más puro, sutil y musical de los cubistas, Juan Gris y su Guitarrista. El extravagante y genial Dalí se cruza en el camino con Solitude Mentale y de pronto Picasso nos brinda su Arlequín y Polichinela. O en todo caso, el dadaísta francés Francis Picabia con su extraordinaria Mujer con peineta.

Joaquín Torres García, el fundador del universalismo constructivo, embelesa con su Muchacha de Nueva York. Sonia Delaunay, la reina del art déco con Disque Portugal se enfrenta a otras obras, entre ellas las del impresionista Darío de Regoyos, los dibujos de Eduardo Chillida, Óscar Domínguez, Maruja Mallo o Antoni Tápies. Todo eso es parte del contenido de la exposición Dibujos españoles del siglo XX, ni más ni menos.

La tinta, el lápiz o la tempera sobre el papel, también el carboncillo, el collage y la sanguina. El género del dibujo se despliega inquietante por la Sala temporal del MALI. Como afirma Natalia Majluf, su directora, “es una oportunidad única para el público peruano pues le permitirá ver un impresionante conjunto de dibujos como pocas veces se ha visto en nuestro país”.

Verdad no falta: la mayoría de los artistas incluidos son vistos por primera vez en Perú y en algunos casos mediante piezas de muy reciente adquisición en la Colección Mapfre.

El peso de la tradición
Así las cosas, el espectador verá una exposición de procesos, de ideas, que muchas veces actúan como preconceptos pero que el tiempo y la mirada han convertido en obras de arte. En puentes que nos acercan a la mano del artista.

Dibujos que no son si no el reflejo de esas cruciales etapas de cambios y transformaciones culturales, históricas y sociales que marcaron al siglo XX en Europa. Una muestra provocadora, de ángulos y hallazgos impresionantes. Ineludible.

Y al parecer, los lazos que esta primera gran exposición ha creado entre Mapfre y el Museo de Arte de Lima, son de diverso corte. A la par de Dibujos españoles del siglo XX más de 500 valiosas piezas de la colección del museo se hallan en pleno proceso de conservación gracias a dicha institución.

Un paso que alegra pues el conjunto seleccionado comprende obras de destacados artistas como Carlos Baca-Flor, Enrique Domingo Barreda, Pancho Fierro, Francisco Laso y Jorge Vinatea Reinoso, entre otros.

Demostración clara de que cómo el arte rompe fronteras y abre otras puertas. Y es más, del rescate de aquella intensidad en la que fueron concebidas; algo también patente en la exposición de estos geniales maestros que culmina el 19 de noviembre próximo.

(Suplemento Variedades, diario El Peruano, 22 setiembre 2006)

lunes, septiembre 18, 2006

Urbe & Arte: entrevista a Jorge Villacorta

Urbe & Arte: 25 años de creación en Lima
Señal abiertaAmpliamente desplegada en más de una sala del Museo de la Nación la muestra Urbe & Arte ofrece un panorama creativo de lo ocurrido en Lima durante el último cuarto de siglo. Experiencia que culmina el próximo 15 de octubre para luego abarcar otras latitudes internas.

Por: Daniel Contreras M.

Quédese quieto. Mire el paisaje. Toque sus costras de afiches y escritos en las paredes, sus muros de concreto, grasa, adobe y tierra muerta, sus aceras y pistas invadidas por material orgánico y huellas. Oiga sus sonidos, vea sus espejismos, huela los aires grises. El resultado de una suma de tramas y tejidos.



Muy en claro lo tiene el crítico Jorge Villacorta, jefe del equipo de curadores de la mega exposición Urbe & Arte, Imaginarios de Lima en transformación (1980-2005), para él la ciudad “es un palimpsesto, una sucesión de texturas en el tiempo. No es algo que puedas ver fija como estructura”.

“Y esas texturas, esos ciertos aires muchas veces irreconocibles son los que en principio podrá captar el observador si se detiene y observa”, agrega Villacorta, quien junto a Augusto del Valle, Paulo Dam y Luis Alvarado nos propone ésta revisión del último cuarto de siglo en Lima a través de las artes visuales, música y arquitectura.

Apasionado esfuerzo en busca de pulsiones humanas en una ciudad cada día más controlada por la economía del consumismo y el gusto por lo artificial. Visto de esta forma, un asalto sensorial que la vehemencia de muchas discusiones entre los curadores y el buen apoyo de la empresa privada han traducido en más de 2 mil metros cuadrados de exhibición para cerca de 200 obras de 150 artistas.

“Hemos seleccionado a creadores que trabajan con la urbe, o con imágenes suyas, o con aquel conjunto de enseres que hacen posible la vida en la ciudad”, puntualiza el curador. También aclara que el grupo apostó por piezas que no sean tan descriptivas ni narrativas, si no más bien ligadas a los materiales.
“Sin embargo, también hay cosas psicológicas, pero eso depende de por qué lado se incline uno”.
Alto, siga, alto, sigaDesde los ardores políticos y experimentales de los años ochenta llega la banda sonora de una ciudad. La música fermenta entre movidas subterráneas y otros ritmos como el tropical-andino.

Señales interferidas por míticos grupos como Narcosis o Zcuela Cerrada, entre hits de Pintura roja o el Grupo Maravilla. Hasta los últimos experimentos electroacústicos de Evamuss y Theremyn 4, son compilados para que el mismo espectador los programe.
En la otra acera los diversos núcleos de Urbe & Arte ofrecen las piezas críticas de colectivos como el grupo E.P.S Huayco o Taller NN, los influjos de la ciudad en obras de Ramiro Llona, Jorge Piqueras o Carlos Polanco. Hasta instalaciones de Erivan Phumpiu, Alberto Casari o las evocadas postales de Gilda Mantilla. Y muchos ejemplos más en un preciso montaje que incorpora la esencia y estética de lo expuesto.

“Es como una deriva en la ciudad”, agrega Villacorta, “pero ocurre en la sala de exposición dejando en claro la existencia de una continuidad, además de una percepción de cómo el arte fluye desde los años ochenta hasta el presente”.

La esquina del movimiento
Para que la experiencia sea completa Urbe & Arte presenta una serie de conciertos cada viernes hasta la quincena de octubre. Este día, artistas como Bruno Macher, Manongo Mujica, Liquidarlo Celuloide, El aire, Voz Propia, Mangazoides, Sonoradio, entre otros, nos ofrecerán un panorama sonoro de la música urbana de Lima.

Recitales que vienen siendo grabados en vivo pues serán compilados en un disco incluído en el libro sobre la muestra a editarse hacia fines de año. Esfuerzo final de una travesía que sin la feliz conjunción de los auspicios privados –como la del Estudio Muñiz, Ramírez, Pérez Taiman y Luna Victoria Abogados– con organismos como el Instituto Nacional de Cultura no sería posible emprender.

“Cruces temporales y geográficos que arrojan una luz sobre el presente”, agrega Villacorta. Un señal abierta a los paisajes urbanos, lo popular, las alegorías visuales, la nueva arquitectura, las hibridaciones que sólo el cruce de culturas permite.

(((Recuadro)))
Urbe & arte
Imaginarios de Lima en transformación (1980-2005)

Museo de la Nación
Hasta el 15 de octubre
Cada viernes a las 8 p.m. conciertos gratuitos

(Publicado en suplemento Variedades, diario El Peruano, 15 de set. de 2006)

sábado, septiembre 09, 2006

¡Imperdible retrospectiva!

Lima redescubre el arte de un maestro académico
Ignacio Merino, la nostalgia por la pintura
La galería John Harriman del Centro Cultural Peruano Británico presenta la exposición más ambiciosa del pintor Ignacio Merino. Imperdible oportunidad para comprender a uno de nuestros artistas de mayor reconocimiento internacional durante el siglo XIX.

En medio del desierto creativo y sus oasis salvadores, bajo un panorama que peca de conservador para los rumbos y osadías que actualmente el arte asume, el volver la mirada hacia la sabiduría de los clásicos es un buen camino.

Dirigiéndonos hacía nuevas cotas creativas, es época de revisitar nuestras fuentes de manera conjunta. Retrospectivas, colectivas, exposiciones antológicas y rescate de archivos se suceden en los últimos tiempos en un bien aprendido afán por conocer y conservar las múltiples identidades que nos conforman.

Es tiempo de Ignacio Merino (Piura, 1817-Paris, 1876), el artista que para los taxistas de Lima es una avenida en el distrito de Lince, nuestro pintor académico por excelencia.

Desde el boceto de Cabeza de anciano, trazado a grandes pero seguras líneas, hasta el fabuloso óleo de una mujer demente que ríe. Desde el rojo ropaje de un bufón, hasta un apacible paisaje en Andalucía, lo mejor de su obra pertenece a la Pinacoteca de la Municipalidad de Lima, de la que la exposición Ignacio Merino –en esfuerzo conjunto con el Instituto Cultural Peruano Británico– nos ofrece una sugestiva selección.

Se trata de una ocasión única porque son 23 piezas que usualmente no se transportan en tal cantidad desde sus depósitos. Teniendo en cuenta que dicha pinacoteca existe por el legado de solo 33 cuadros que el mismo Merino donó mediante testamento a la ciudad de Lima en 1876.

El pintor, que desarrolló la mayor parte de su vida profesional en Europa, ofrendaba así a sus paisanos una visión de su arte rara vez visto por ellos.

Emblemática presencia
Entonces, ¿quién era Merino: aquel artista cuya obra inspiró a Julio Verne para la novela Martín Paz, que fue precursor de la primera ilustración periodística, que décadas más tarde impulsaría a un poeta como Roger Santiváñez a escribir su primera nouvelle: Santísima Trinidad tras contemplar una de sus obras colgadas en la catedral de Piura?

Merino ofrece hasta hoy sus lecciones. Muchas generaciones de artistas lo han observado con interés situándolo como referente y concatenación de nuestra propuesta republicana para con el mundo.

Cada época bien puede tener una percepción distinta de su sólida obra compuesta por paisajes, retratos, escenas costumbristas e históricas. Por ello, la importancia de revisitarlo en busca de esas múltiples preguntas que deparan múltiples respuestas.

¿Qué era Merino: el pintor que según los piuranos tenía sangre de Santa Teresa de Jesús, amigo de Delaroche, Monuosin, Delacroix, el primer artista peruano que mostró su obra ante un público internacional en las Ferias Universales de París recibiendo elogios de la critica?

O la lejanía hecha pintura
De San Miguel de Piura al cementerio Pere Lachaise; un nombre extenso adorna su placa: José Ignacio María Pedro Nolasco Merino. Nacido en 1817 en medio de una familia de raíz española, acomodada y dedicada a la administración de las tierras, París de segunda mitad del siglo XIX fue escenario de su formación plástica.

Y su taller de la rue La Clichy Nº 1 testigo del enfrentamiento con la energía indomable de las vanguardias. “Dejaría atrás las tradiciones artísticas coloniales, para afiliarse a los repertorios formales y temáticos propuestos por las grandes academias de Europa”, señala el curador Luis Eduardo Wuffarden en su investigación.

Vuelve a Lima hacia fines de 1838 y labora como docente en varias escuelas. Aquí alcanzaría gran notoriedad. Hacia 1850 parte hacia Francia por segunda vez, para no volver. Es acerca de su producción a partir de esta fecha que la exposición se centra.

“Sin embargo, algunas de las piezas más antiguas conservan todavía el recuerdo de su estancia limeña. Es el caso de la Escena americana que parece evocar la placidez de una tarde veraniega en los ranchos de Chorrillos pero lo hace de acuerdo con las expectativas de exotismo que estos temas despertaban dentro del público europeo”.

De un artista que llegó a la cúspide de su carrera. De eso se trata la exposición que actualmente se despliega en las salas de la Galería John Harriman, lo cual es sólo una de las respuestas que ofrece su visión casi obligatoria.

(((Recuadro)))
IGNACIO MERINO
Galería John Harriman
Centro Cultural Peruano Británico.
Bellavista 531, Miraflores
Abierto hasta el 7 de octubre.

(Suplemento Variedades (sección Identidades) diario El Peruano, viernes 8 de setiembre 2006)

domingo, septiembre 03, 2006

Un safari urbano con Zoociedad de Aldo Shiroma

Canción animal
Fiel a su estilo el escultor Aldo Shiroma presenta en la galería Fórum su sétima exposición individual: Zoociedad. Una singular mirada a nuestra humanidad en busca de aquellos rasgos y conductas que clasificamos como propias de las bestias, pero que son tan nuestras.

Paquidérmica imaginación, mamífera opinión. Vacas sagradas, hombres mono, lobo, mujeres araña, viejos picaflor. Pedazo de animal.

Un perro con dinero es un Señor Perro. Trabaja como hormiga, duerme como un lirón, baila como mono, ríe cual hiena. Desde los inicios de la existencia y la memoria, humanos y animales conviven, dependiendo uno del otro, sobreviviendo en el mismo entorno.

En el arte, en el habla, en el imaginario y mitología de pueblos y civilizaciones esta fricción se ofrece muy cercana al hombre. El hombre, aquel ser animal al que muchas veces le cuesta reconocer cantidad de características compartidas con sus compañeros de clasificación.

Para la mirada y obra del escultor Aldo Shiroma Uza (Lima, 1975) no todos somos de tan distinto pelaje. Por ello Zoociedad es el título de su última muestra individual.

Un conjunto de esculturas en madera que resumen la personal lectura que el artista realiza a cotidiano frente a la habitual fauna urbana que nos rodea. “Salgo a la calle, tomo mi combi y de pronto comienzo a ver a la gente en sus facetas más animales. Ya sean físicas o por conducta”.

Una visión tan crítica debería tener preocupados a los humanos cercanos al ganador dos veces entre otras distinciones del Premio Adolfo Winternitz. Radical además al confesar su pesimismo muchas veces respecto a “nuestra “zoociedad”: muy perversa y clasista”.

Sin embargo la medalla tiene otra cara, pues en ese ir y venir por la ciudad Shiroma explica que no puede “desestimar por completo a la esperanza. Por que si no, ya habría perdido la capacidad de reír y despertar por las mañanas”.

Alta zoociedad
Canes, zorrillos, otorongos, ratas, chanchos, búfalos y nutrias pueblan Lima. Manejando a lo bestia, hurtando como audaces zorrinos, compartiendo como primates, imponiendo muchas veces la ley de la selva. “Mis personajes en realidad buscan caricaturizar ciertos referentes urbanos que vemos a diario, lo que al mismo tiempo es hacerlo con nosotros mismos”, afirma el escultor.

¿Nuestra ciudad como un gran zoológico?. “Más bien creo que con justo derecho los animales podrían sentirse ofendidos ante la comparación que hago entre ellos y determinados personajes de la muestra”.

Desde trabajos anteriores Shiroma ha sumergido a los espectadores en las metáforas que emergen del reino animal. Por ello nació Otto, ese oso mostrando en sí todo lo que veía del otro. O aquellos personajes animales que venían a darnos lecciones de vuelo. Sus rinocerontes, osos hormigueros, astrónomos y migrantes.

La afinidad que poseen sus esculturas con la mirada infantil –y porque no, también desde cierta infantil contemplación– encuentra su punto de desarrollo en la ilustración de libros para niños. Mirada que para ese objetivo le hace guiños al comic (incluso esta exposición debe el nombre a una tira de Mafalda).

Fusión y zoomorfismo
Su estilo se halla recubierto de una engañosa inocencia que Shiroma acepta como continuación de una tradición artística. “Desde tiempos remotos el hombre ha buscado fusionar su imagen con determinados animales, quizás queriendo simbolizar atributos como velocidad, fiereza, fuerza e incluso longevidad”.

“Los grupos humanos que se encuentran en mayor contacto con los animales, casi siempre desarrollan mayor sensibilidad hacia ellos y los sitúan como parte cotidiana de su vida, y por ende, en sus representaciones plásticas”.

Finalmente el crítico de arte Carlo Trivelli esboza frente a las esculturas de Zooociedad unas líneas para el catálogo: “un safari citadino, un intento de caracterización de esa fauna que todos conocemos, una versión Shiroma de National Geographic”.

Atendiendo a ese llamado de la naturaleza se invita a todos los presentes a emprender el largo viaje hacia las débiles fronteras que separan al hombre del animal. Allí donde habitan y nos invitan los personajes de Shiroma; un lugar que no está fuera de nuestro mundo.

Algo más
Zoociedad
Esculturas de Aldo Shiroma

Galería Fórum
Larco 1150, Sótano-Miraflores
Hasta el 15 de septiembre

(Sección cultural, diario El Peruano, domingo 3 de setiembre de 2006)

viernes, septiembre 01, 2006

Nueva Sala de Fotografía en el MALI

Una exposición pone de manifiesto la esencia de la fotografía en el Perú
El instante cautivo
Nuevas luces para la fotografía peruana. Parte del legado visual proveniente desde los albores hasta las nuevas tendencias de la imagen en el país, tienen a partir de la fecha cabida en el lugar apropiado. El Museo de Arte de Lima abre su nueva –primera y única en el Perú – Sala de Fotografía, con una importante selección histórica.


Una ambiciosa y extensa selección de imágenes es el primer proyecto con el cual el Museo de Arte de Lima abre las puertas de su nueva Sala de Fotografía. Un paso clave en la transformación de las distintas precariedades que caracterizan la difusión y la custodia de los archivos visuales en nuestro país.

“Una plataforma para continuar ampliando nuestros conocimientos, para renovar los debates y generar nuevas investigaciones”, en palabras de Natalia Majluf, directora del MALI y curadora junto al crítico de arte Jorge Villacorta de la inaugural muestra.

En esta ocasión, una de las tradiciones artísticas más ricas y complejas del Perú contemporáneo es desplegada en un saludable esfuerzo que reúne y vincula la producción desarrollada en nuestro país desde la llegada del daguerrotipo en el siglo XIX, hasta lo más actual de la técnica fotográfica.

De Eugenio Courret a Fernando Garreaud; de Martín Chambi a los Hermanos Vargas. De Carlos “Chino” Domínguez a Philippe Gruenberg, un cargamento visual donde son muchos más, e igual de valiosos, los nombres que trascienden en el papel fotográfico de esta historia. Acervo e instantes cautivos que desde 1958 a la fecha el MALI ha venido acogiendo a través de importantes donaciones e investigaciones realizadas.

Así las cosas, una década de ordenamientos sobre ese archivo, a cargo de decenas de críticos y fotógrafos podrá ser apreciada rotativamente en este espectacular espacio. Y custodiada en depósitos que cumplen con las más exigentes normas internacionales de conservación.

El Museo de Arte de Lima, ha colgado en las paredes de la Sala Juan Bautista y Carlos Verme, decenas de ventanas que dan a la historia. Puertas y puentes a una tradición vigorosamente perenne. Resguarda la memoria del país y nos la ofrece como receta contra el olvido.
(Suplemento Variedades, diario El Peruano, viernes 1 de setiembre 2006)

lunes, agosto 28, 2006

El maestro de Leyden despliega sus influjos en nuestro arte
Rembrandt a la peruana
Marcó un antes y un después en la historia del arte. Desde el siglo XVII son generaciones de artistas las marcadas por su influencia. Rompiendo latitudes internacionales, el arte de Rembrandt es homenajeado por el 400 aniversario de su nacimiento a lo largo de todo 2006. Y nuestro país no es la excepción.


“Por ejemplo, esto que nos está pasando, aquí, es como uno de esos cuadros de Rembrandt”.
Oliveira, en Rayuela.

Incombustible por el paso del tiempo. Luminaria incandescente que se impone por sobre la marejada de estilos y géneros del arte. Rembrandt Harmenszoon van Rijn (1606-1669) nos muestra –a 400 años de su nacimiento– de la misma manera como el doctor ofrece a sus alumnos ésa mano descarnada en La lección de anatomía, las mínimas conexiones vitales que laten y dan movimiento cuando existe vida en la pintura.

Era un genio, no se puede menos que comentar al contemplar sus obras intentando una mirada nueva. Algo casi imposible: una vez recorridos los cuadros de este pintor holandés ellos se vuelven un poderoso imaginario omnipresente en la luz y el claroscuro de los días. Incluso en su violencia.

El mundo celebra su natalicio y le rinde homenaje. Hasta fin de año e incluso, más allá del 2007, en las ciudades de Leyden y Ámsterdam museos y galerías reviven los tiempos de Rembrandt. Otras capitales del circuito artístico internacional vienen haciendo lo suyo. En nuestro país, seis artistas examinan la obra de este luminoso creador de la era barroca en Pintor del alma, muestra colectiva desplegada en la galería Artco.

La habilidosa mano de Rembrandt roza con su trazo la pintura de otros pintores, desde diferentes épocas, distintas latitudes, erigiéndose como ícono y fuente inagotable de inspiración. Y como veremos a continuación, muchos de nuestros pintores, pertenecen a ese simbólico club, de amigos del pintor de Leyden.

Con sabor nacional
Émulos de Rembrandt hacia 1900. El grueso de los pintores neoacademicistas interesados en el uso de la luz y el color acudían al maestro. Aquel holandés cuya lección más debatida es una misteriosa frase escrita en la que expresa su parecer sobre la pintura: “die meeste ende di naetuereelste beweechgelickheijt”. El mejor y más natural movimiento.

Francisco Canaval (1877-1911) resalta de este grupo por su manejo de los fondos oscuros. Junto a él, el maestro Carlos Baca-Flor (1867-1941) quien ofrenda la luz barroca en sus acuarelas y, sobre todo en su Retrato de un joven, ensaya uno de los “tronies” de Rembrandt, aquellos rictus que deforman el rostro hasta hacerlo casi caricatura.

Años atrás el fotógrafo francés Pedro Emilio Garreaud (1835-1875), afincado en Lima hacia 1855 y pionero del retrato en la capital (en la forma Carte de visite) desde su local de la calle Plateros puso de moda la singular luminosidad de los Retratos Rembrandt. Aquellos que otro pionero de la lente, Martín Chambi (1891-1983), vería fascinado a inicios del siglo XX en el estudio arequipeño de su maestro Max T. Vargas. Ello volcaría su interés a la obra original de Harmenszoon van Rijn dejando huella indeleble en su manejo del contraste y el claroscuro.

Décadas más tarde Víctor Humareda (1920-1986) escribe en uno de sus sucios cuadernillos: “Si mis amigos son Rembrandt, Ticiano, Goya y Velásquez ¿para qué quiero más?”.

Fernando de Szyszlo (1925) quien nace un lustro después que Humareda, también es marcado por el holandés pero cae ante él en condiciones distintas. Viaja a los 24 años a Europa con el fin de estudiar sus pinturas. Herman Braun-Vega (1933), sincrético y exitoso pintor residente en París, parodia en 1984 La lección de anatomía.
En los terrenos de la ilustración, Boris Vallejo (1941) es un confeso seguidor de Rembrandt: “durante mis primeros años yo estudié sus trabajos una y otra y otra vez”. Y la lista corre el riesgo de ser un viaje interminable.

Bajo la lupa
Hasta el 8 de setiembre seis destacados artistas de nuestro medio participan en Pintor del alma, exposición colectiva y homenaje a quien marcó un antes y un después en la historia del arte.

Ramiro Pareja, Ricardo Córdova, Eugenio Raborg, Bill Caro, Toto Fernández Ampuero y Mariana Riveros son los encargados de plasmar en esta invernal Lima una visión original del siglo XVII, demostrando que no existen diferencias culturales, geográficas ni históricas en el oficio de crear.

Desde el pop, hasta el op, la figuración y lo concreto. Contraposiciones, humor y experimentación con los contrastes, relieves y claroscuros se entremezclan en esta colectiva. Pues los ojos y las manos de Rembrandt siguen vivos, incluso, en las venas abiertas de un cadáver en plena disección: todo es enseñanza en él.

(((Recuadro)))
Pintor del alma
Colectiva de seis artistas en homenaje a Rembrandt

Galería Artco
Roaud y Paz Soldán 325, San Isidro

(Suplemento Variedades, diario El Peruano, viernes 25 de agosto de 2006)